Que me encuentren

Cuando eres pequeña, toda noción sobre vida sentimental, se reduce al “vivieron felices y comieron perdices (ya podían haber sido donuts)” de las pelis de Disney.  La sirenita con Erick, Jasmine y Aladín, Felipe y Aurora..

Y entonces das por hecho, que un día tu príncipe azul se comprará una alfombra voladora para llevarte a un mundo ideal, que probará tu zapatito de Loubotin a todo el reino, o que dejará de ser bestio por amor. Y  simplemente, asumes que acudirá raudo y veloz en tu busca, mientras tu pasas el tiempo mirando, melancólica a la par que glamurosa, por la ventana de la más alta torre (el tercer piso en el que vives) hasta que consiga rescatarte.

El problema, es que según vas creciendo, te das cuenta de que tu príncipe empieza a tardar. Y para no aburrirte durante la espera, empiezas a hablar con tipos que de príncipe tienen poco, pero por lo menos te ayudan a pasar el rato.

Aunque no pierdes la fé y sigues esperando sin perder el glamour.

Por si acaso

Y sigues esperando a que el definitivamente idiota de tu príncipe, sepa seguir las miguitas de pan. Y sigues conociendo a sapos y enanos varios. Pero lo malo que tienen los sapos y los enanos, es que son muy cansinos. Así que al quinceavo sapo, tus disneycas expectativas sobre la posibilidad de encontrar un príncipe encantador  empiezan a disminuir.

Te hartas, y decides ser tu la que tome la inciativa..

Te apuntas al gimnasio , empiezas a comer lechuga, (no vaya a ser que el dichoso príncipe de los cojones no te reconozca debajo de un par de kilos de más) te sueltas la trenza y te pones a buscar al inepto de tu príncipe que no tiene ni puta idea de cómo encontrarte porque al pobre con ese pelazo se le ha debido de atrofiar el cerebro.

Y  desarrollas ese aire de WHO RUN THIS MOTHERFUCKER WORLD

Y con esos renovados aires del PORQUE-EL-MUNDO-ME-HA-HECHO-ASÍ,  vas a la biblioteca, a copas, a  fiestas, a conciertos. No fallas a ningún evento social, desde partidos de criquet hasta manifestaciones. Porque nunca se sabe dónde te lo puedes encontrar.

El caso es, señoras mias. Que la ley de Murphy se aplica a todo.

Y si hay algo que buscas, puedes esperar sentada porque no lo vas a encontrar.

Aunque te apuntes a clases de Yoga en el retiro, a hiking los domingos, al Club del libro o que te compres un San Antonio

Murphy lo ha decidido así,  le debió molar la peli de Serendipity

Y por eso, he mandado al príncipe-que-hace-tiempo-que-se perdió a la mierda.

No pienso buscar  más

Voy a seguir cenando en el Mac Donalds, yendo por la vida con un moño en la frente, bailando a todas horas, cantando fatal, seguiré haciendo el mono y tropezándome muy poco femeninamente 150 veces con la misma piedra.

Y ya si eso, que me encuentren

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